De cualquier forma, no todo tiene que ser visto en blanco y negro. Los grises de esta situación se pueden ver con organizaciones que intentan ayudar a estas personas que viven la violencia de cerca. Éste es precisamente el propósito del Servicio Jesuita a Refugiados (SJR): apoyar, servir y defender a las víctimas de la violencia en Colombia, buscan acercar y aclarar la idea tan vaga que tenemos de un “desplazado”. Dicha organización se vincula con colegios como el Tilatá para que los estudiantes presenten su servicio social como voluntarios en este propósito que busca marcar una diferencia en la vida de estas personas que tanto han sufrido, sin tomar partido político ni bandos ni ninguna clase. El propósito principal es conseguir el bienestar de los perjudicados. Aunque muchos dudan de lo que un grupo de estudiantes puede alcanzar, el simple hecho de conocer y repartir este conocimiento acerca de la verdadera crisis que se vive día a día en Colombia, ya es un gran paso. De la misma forma, se acompañan a un grupo de niños originarios de partes que parecen tan remotas como el Chocó o el Cesar, víctimas del desplazamiento forzado por la violencia y que ahora residen en Soacha, a las afueras de Bogotá. Ahí es donde viven, ojalá temporalmente, porque su verdadero hogar sigue siendo de donde fueron sacados, el sentido de pertenencia permanece. De esta forma, el SJR, junto con los voluntarios, da un soplo de esperanza a estas personas, para que sientan que no todo está perdido. Los estudiantes, por nuestra parte, nos conformamos con ver a los niños disfrutar de la compañía y empeñarnos en que la ignorancia acerca de la realidad Colombiana sea minimizada.