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Todos los miembros de la comunidad aprendemos y crecemos desarrollando en
armonía siete dimensiones: la intelectual, la emocional, la social, la ética, la
espiritual, la sensible y la corporal.
El proceso de formación integral consiste en aprender a ser, aprender a
aprender, aprender a convivir y aprender a hacer.
La autonomía, como capacidad de autorregulación, implica tomar conciencia, hacer
uso de la capacidad de elegir, tomar decisiones responsables, anticipar y asumir
las consecuencias de nuestros actos y, establecer relaciones de interdependencia
y beneficio mutuo.
La construcción del conocimiento es un proceso dinámico que se nutre de los
saberes existentes y las situaciones significativas, se enriquece a partir de
las preguntas, los conflictos y los errores y adquiere sentido cuando se traduce
en la formación de buenos seres humanos, capaces de transformar realidades.
El conocimiento nos exige ser buenos lectores y productores de textos,
pensadores críticos y creativos, competentes y con espíritu investigador.
Para el desarrollo de la autonomía y la construcción del conocimiento es
necesaria la disciplina, entendida como un hábito de responsabilidad. |