Queridas familias, 

Se suponía que ayer teníamos la visita a la isla de Toronto, pero había pronóstico de fuertes lluvias así que decidimos cambiar los planes y tener un día de descanso en la universidad. Empezamos el día tarde (por fin una mañana de dormir hasta que el cuerpo lo necesitara y sin poner alarma para levantarnos), desayunamos en pijama, y hacia las 10:30 nos fuimos a bañar y vestir. Nuestras instructoras de Alive llegaron con varios juegos de mesa, libros para colorear, naipes y varias cosas más que nos mantuvieron entretenidos a lo largo del día. También nos dividimos en grupos para ir a Indigo, una librería increíble con libros de todas las categorías imaginables, y estuvimos un buen rato leyendo y claro, consiguiendo los regalos que con tanta ilusión les están comprando sus hijos. Estos días en Toronto han sido una breve pero contundente lección de finanzas para cada uno; tener que administrar la plata que tienen, saber que deben renunciar a algunos antojos para poder comprar otros, y además hacer los cálculos para sumar los impuestos que, a diferencia de Colombia, no están incluidos en los precios que tienen las cosas. No les niego que me dan ganas de prestarles a todos más plata para que puedan comprarse lo que quieran, pero me resisto a hacerlo pues sé que el aprendizaje de entender cómo manejar su plata es más valioso que la satisfacción de comprarse todo lo que quieren. 

Terminamos la tarde con un taller liderado por Jal, en el que nos invitó a crear una imágen que representara lo que nos ha marcado de este viaje, los aprendizajes más valiosos, o los momentos más importantes. Entre los que se animaron a hablar, Ana So nos compartió que su árbol representaba el crecimiento que ha tenido como persona en estas semanas, y el sistema complejo de raíces, todas las herramientas que ha adquirido para tener más seguridad y confianza en sí misma. Nico dibujó un círculo partido por la mitad; en una estaba el campamento con sus bosques y lagos, y en la otra la ciudad. Las dos imágenes compartían un sol grande que representaba el calor y la alegría de cada uno de los lugares. Muchos hablaron del canoe trip y del sentimiento de orgullo y satisfacción que esa experiencia les había regalado, otros recordaban los alces que pudimos ver y la paz que les generaba estar al aire libre… Fue un momento bonito para pensar en todo eso que hemos vivido a lo largo del mes.

Hoy empezamos nuestro día con una serenata para Gabo. Desde temprano quisimos celebrar su cumpleaños, entonces en pijama y entre dormidos, le invadimos su cuarto para despertarlo con una desafinada, pero alegre versión de “Las mañanitas”. Con su habitual sonrisa, Gabo se despertó feliz al abrir los regalos que algunos de sus amigos le habían comprado. 

El resto del día lo pasamos en el zoológico viendo jirafas, rinocerontes, gorilas, lobos, serpientes, aves, tigres, leones, y hasta osos polares. Los zoológicos son un lugar de sentimientos encontrados; por un lado es emocionante ver de cerca animales que de otra forma tal vez nunca tendríamos la oportunidad de ver, pero por otro lado es triste pensar en que sacrificamos su libertad y estado salvaje, para nuestro propio entretenimiento. Entre la ternura y la alegría de ver tantos seres vivos en un lugar, y la angustia de ver el estado en el que viven en cautiverio, da esperanza oír las conversaciones que se generan entre sus hijos y las posibles alternativas que existen para que todas las especies puedan estar en su hábitat natural. 

Ya estamos de vuelta en la universidad, y mientras escribo esta palabras sus hijos corren y gritan por los pasillos de nuestro piso. Hace unos minutos celebramos el cumple de Gabo con un ponqué de chocolate, y creo que el azúcar se les subió a todos a la cabeza. 

Les mando un abrazo virtual, mientras podemos darnos uno real en un par de días. 

Con cariño, 

Juliana