Queridas familias, 

Llevamos 3 días en Toronto y ya le vamos cogiendo el ritmo a la ciudad. Por las mañanas  desayunamos en el parque, nos encontramos con el equipo de Alive, y seguimos nuestro día según la actividad que se vaya a realizar. Las noches aquí son diferentes pues después de comer y bañarnos, nos reunimos en el área común y,mientras unos ven películas, otros pintamos o escribimos en los journals bajo la luz de la lámpara. Se siente casi como la rutina de un hogar en el que cada miembro de la familia puede ser y estar donde mejor se siente. 

Les confieso que a mí siempre me cuesta mucho irme del campamento, pues estoy más a gusto en los bosques y los lagos, que rodeada por edificios de concreto, carreteras y carros. Sin embargo, hay algo de esta ciudad que es fascinante y que me cautiva cada vez que la veo; seguramente tiene que ver con esa vista alucinante del gran Lake Ontario que lo engaña a uno haciéndole creer que es un océano, o también con la amabilidad de los canadienses con los que se cruza uno por el camino. Pero en este viaje, he llegado a entender que la verdadera magia está en volver a descubrir Toronto a través de la mirada de sus hijos; en sorprenderme con la altura de La CN Tower, en descubrir la inmensidad de las cataratas del Niágara, en vivir la emoción de un partido de béisbol cuando uno se deja llevar con la energía de la fanaticada local y termina haciéndole barra a un equipo que hace un mes tal vez ni siquiera conocía.

Muchas personas me preguntan cómo hago para hacer este trabajo; cómo logro estar un mes a cargo de un grupo de niños, sin descanso. Para mí es muy clara la respuesta: los niños son lo que me da energía pues me alimento de sus historias, de sus abrazos, de sus sonrisas, y hasta de sus preguntas que a veces parecen interminables. Claro, no les niego que después del viaje estaré metida en mi cama al menos 3 días seguidos para poder recuperarme, pero mientras estamos aquí las fuerzas no me faltan, pues siempre están ellos para dármelas. 

El resto del testimonio mejor que se los cuenten las imágenes que les comparto… Finalmente, valen más que mil palabras. 

Les mando un abrazo grande, 

Juliana