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Semana del 25 al 29 de octubre de 2021
Palabras de María Isabel Casas

Compartimos las palabras que María Isabel dejó a su equipo al cierre de su etapa en la rectoría. Como fundadora, seguirá trabajando desde su nueva oficina en el edificio central, cuidando la esencia Tilatá y velando porque ésta se despliegue y se viva hasta en el último rincón del Colegio, e incluso, que pueda ser inspiración para los colegios del territorio.

La Calera, octubre 20 de 2021

Querido equipo

En estos días, muchas personas me han preguntado cómo me siento al dejar la rectoría. Una pregunta que sale de corazones generosos que me quieren acompañar en este momento tan significativo de mi vida. A todos les he respondido que tengo mucha paz y que, aunque seguramente vendrá una etapa con algo de incertidumbre, mi corazón está lleno de gratitud. Valoro mucho lo que ha sido mi vida hasta ahora y sé que Tilatá, que somos todos, ha sido mi gran maestra. Hoy quiero compartir con ustedes algunos de los aprendizajes que más valoro del camino recorrido.

  1. En Tilatá he podido vivir la experiencia del amor y comprender que este no es una idea abstracta, sino aquella fuerza que nos permite transformar positivamente todo lo que nos rodea. El amor que se vive en Tilatá me hace sentir plena, me inspira y me impulsa a encontrar mi esencia y a ayudar a otros para que también lo hagan.Por eso, nuestro propósito de educar en el amor ha tenido tanta importancia: nuestra pedagogía se enraiza en el conocimiento profundo de nuestros estudiantes, sus familias, el entorno, los potenciales y necesidades de cada uno. A su vez, ese conocimiento nos ha permitido entender que cada uno es único y que no hay caminos uniformes ni terminados, y por qué educar es un ejercicio creativo, constante y flexible.

    Nuestro amor no es, ni ha sido sobreprotector. Todo lo contrario, el amor nos ha enseñado a ser exigentes, y en ocasiones duros. Muchas veces hemos tenido que desacomodarnos, incomodarnos y atravesar la incertidumbre para que florezca el potencial de cada uno.

    También hemos aprendido que el amor es paciente. Cuando observamos la naturaleza nos damos cuenta de que cada ser necesita del tiempo justo para florecer y dar frutos y por eso hemos aprendido a esperar y a confiar en que a cada niño y a cada joven le llega su momento para dar a conocer la fuerza bondadosa que tiene en su interior.
  2. Tilatá es el lugar perfecto para que brille el optimismo: acá sabemos que todo se puede transformar, que siempre hay alguna posibilidad, y que por muy difíciles que sean las circunstancias, todos los seres humanos tenemos la capacidad de aprender, y que equivocarnos, siempre y cuando nos demos cuenta de nuestros errores, es la mejor manera para avanzar.

    Ser optimistas no es tener pensamiento infantil. No se trata de creer que las cosas se darán solamente porque las deseamos. Ser optimistas nos ha permitido recordar que siempre hay alternativas, que las segundas oportunidades generan confianza y compromiso y que cuando las personas estamos listas, estas son detonantes para la evolución.
  3. Aspirar a la libertad nos ha exigido valentía. La libertad es un regalo y para recibirlo hemos tenido que atravesar muchos caminos, algunos de ellos difíciles y en algunas ocasiones dolorosos. La libertad nos ha llegado cuando hemos superado el miedo a pensar distinto, a recorrer caminos solitarios, a nadar en contra de la corriente o a decir la verdad. Esa verdad que es incómoda y no siempre estamos dispuestos a escuchar.

    La libertad es un regalo que nos da plenitud, sentido y fuerza. En Tilatá he tenido que reconocer y honrar el miedo, pero he aprendido que no puedo dejarme vencer ni esclavizar por él. El miedo me ha servido para cuidarme y también me ha dado impulso para atravesar la oscuridad. Por eso, hoy digo con certeza y alegría que Tilatá es un lugar para la libertad.

    Además, la libertad nos ha llevado de la mano con la responsabilidad. Aprendí que no hay mayor esclavitud que culpar a otros y no hay libertad mayor que aceptar la responsabilidad por nuestras decisiones y asumir las consecuencias que ellas traen.
  4. En Tilatá he tenido el enorme gozo de construir con otros. Los seres humanos nos construimos en la alteridad. De pequeños necesitamos a otros para sobrevivir y formar nuestro carácter y, a medida que vamos creciendo, descubrimos con fascinación la posibilidad de ir tomando nuestras propias decisiones. Esta fascinación, sin embargo, viene matizada por la necesidad de pertenecer y ser aceptados. Y en esta oscilación entre independencia y pertenencia se empieza a generar un juego lleno de paradojas y equivocaciones. Gradualmente vamos madurando y aprendemos que, aunque cada cual debe transitar su propia vida, esta no tiene por qué ser solitaria. Y entonces, la fascinación que sentimos al sabernos independientes es superada con creces cuando experimentamos la alegría y la fuerza de construir con otros. Y en esa alegría ya no nos mueve el ánimo de recibir aprobación, sino la posibilidad de aportar desde la propia esencia y de descubrir niveles de creatividad jamás imaginados. Hoy Tilatá es un colegio maduro en el que se vive cotidianamente la riqueza de la creación colectiva.
  5. También he aprendido que la buena educación va mucho más allá de las modas y las demandas que nos hace la sociedad para que los estudiantes se acomoden o sometan a costumbres que se han normalizado y no necesariamente conducen a la realización del ser humano. En nuestros tiempos eso es especialmente fuerte en relación con la economía de mercado y la sociedad de consumo.

    La buena educación da a los estudiantes las herramientas necesarias para observar de manera crítica las prácticas culturales y la fuerza para transformarlas. Esto no quiere decir que deban ser personas desadaptadas a la sociedad en la que viven, pero sí que tengan un grado de inconformidad que les de la fuerza necesaria para transformar algunas prácticas que van en detrimento de una vida significativa para ellos y para los demás.

    Por eso es tan importante seguir trabajando para que los niños y los jóvenes además de conocer y valorar sus potenciales, se conecten con su fuerza interior, con la certeza de que los buenos seres humanos no son personas mediocres, sino quienes trabajan por propósitos que trascienden los intereses individuales, y que defienden sus convicciones sin caer en dogmatismos ni poner sus intereses personales por encima del bienestar de la sociedad.
  6. Hoy sé que a los seres humanos nos gusta el poder. Sin embargo, también sé que el poder, o mejor aún, el deseo de poder, nos puede esclavizar. La sociedad occidental se nutre con la idea de que la vida es una carrera en la que siempre habrá ganadores y perdedores y que es mejor estar entre los primeros porque nadie quiere estar en el lugar de los segundos. Y sobre esos cimientos se han construido muchos de los pilares de nuestra sociedad: la política, las organizaciones laborales, los colegios, y en ocasiones, la familia. Vemos la vida como una lucha y esa creencia, muchas veces inconsciente, se traduce en la forma como nos relacionamos, siempre con un deseo de dominación: debemos dominar la naturaleza, debemos dominar el conocimiento, debemos dominar en nuestras relaciones.

    En Tilatá hemos avanzado en el camino de cuestionar esas relaciones de poder. Hoy tenemos el reto de lograr un balance entre permitir que las voces de los niños y jóvenes sean escuchadas y respetadas y enseñarles a ellos a hacer lo mismo con los adultos y nos puedan reconocer como interlocutores válidos.
  7. Y esto me lleva al último aprendizaje al que quiero referirme hoy. Un aprendizaje que ha marcado un hito importante en mi vida en Tilatá. Se trata de reconocer el poder que tienen las conversaciones. Un poder que no viene del anhelo de dominación, sino que es un acto creador que nos permite poner en juego todo eso de lo que he hablado: cuando conversamos desde el amor sentimos el poder de la conexión; cuando conversamos desde el optimismo, con seguridad lograremos sinergia y encontraremos una nueva alternativa; cuando conversamos con libertad, aportamos desde lo que realmente consideramos importante y estamos dispuestos a escuchar y a construir a partir de lo escuchado; cuando conversamos reconociendo que nos construimos en relación, se fortalecen nuestros vínculos; cuando conversamos con el propósito de educar bien, impactamos el corazón de nuestros estudiantes; y por último, cuando las conversaciones no surgen con un interés de dominio, estas fluyen y nos abren la mente a nuevas comprensiones.

Han sido 29 años maravillosos. Mi corazón está lleno de gratitud y sé que todos estos y otros aprendizajes que no caben acá porque correría el riesgo de no terminar nunca, los he logrado con ustedes y gracias a ustedes. Desde mi nuevo lugar seguiré aprendiendo y compartiendo con cada uno. Por ahora solo puedo decirles cuánto los admiro y cuánto valoro tenerlos como compañeros de vida.

MARÍA ISABEL

Así estamos transformando el mundo…

El Halloween es una celebración que nos invita a  reflexionar como comunidad. Si bien, esta es una fecha llena de alegría e invita a estar en cercanía con los amigos y los vecinos del barrio, se ha convertido en una fiesta totalmente comercial. Niños, compitiendo por el mejor  disfraz, dulces en exceso y decoraciones de un día que se suman a la basura que recibe nuestro planeta. Contribuir a la transformación del mundo está en no perpetuar este tipo de comportamientos sin cuestionarlos y después de reconocerlos, tomar aquellos elementos que realmente aportan y ayudan a la construcción de un mundo mejor. 

En los últimos años y reconociendo que la alegría y la creatividad de esta fecha es importante para los estudiantes, hemos venido celebrando el Festival Tilatá. Este es un encuentro de comparsas por cursos, liderada por los estudiantes de 11° en el que,  de manera sencilla y acorde con nuestra cultura, el Colegio se llena de música, bailes, trabajo en equipo, vestuario hecho con reciclaje y en general de mucha creatividad. Este año dadas las condiciones de regreso a la presencialidad, el Festival Tilatá no será en octubre, pues quedó programado para el 3 de diciembre. Sin embargo, estamos seguros de que, como en años anteriores, será una experiencia significativa para todos. 

El cambio que queremos en el mundo se hace con pequeñas revoluciones y como siempre, están invitados todos los que quieran sumarse.