Generalmente escribo editoriales un poco más conceptuales para compartir con ustedes reflexiones sobre nuestro enfoque pedagógico. Sin embargo, hoy quiero contarles una anécdota que refleja uno de los aprendizajes más valiosos que este periodo de aislamiento me ha generado.

Se trata de la historia de Lupe y Pipa, un par de perritas que llegaron a la familia el mismo día en que empezó la cuarentena. Mis hijas las adoptaron porque habían sido abandonadas en una carretera. Tal vez su destino hubiera sido el de morir bajo las ruedas de un carro o de inanición en un momento en que muchas familias no podrían compartir sus comidas con dos bocas hambrientas.

Ellas se han convertido en un motivo para reír, admirarnos con su inteligencia y recibir mucho cariño. También han sido grandes maestras.  Yo vivo en un edificio que tiene un bonito jardín interior y ellas descubrieron que no hay nada más divertido que correr en círculo alrededor de los surcos y de vez en cuando atravesarse por toda la mitad, derribando una que otra mata.

Al principio, lo confieso, esto me generó bastante preocupación. Estábamos acostumbrados a un jardín impecable, que curiosamente nadie disfrutaba, y no quería mostrar irrespeto por una propiedad que es de todos, por poner mis intereses por encima de los de la comunidad. Tras el reclamo de alguno de mis vecinos, y quejas sobre el estado del espacio, decidimos escribir una carta a la administración, comprometiéndonos a arreglar el jardín una vez pase la cuarentena.  Afortunadamente la respuesta fue muy bonita: en estos momentos tenemos que ser comprensivos, priorizar lo que es realmente importante y disfrutar de esas pequeñas cosas que hacen toda la diferencia. Tener un jardín perfecto para que nadie lo use, pasa a un segundo plano cuando podemos aprovechar de un lugar donde disfrutar el sol, darle un poco de libertad a nuestras mascotas, respirar aire puro, y sobretodo, habitar un espacio que, aunque no está impecable, se siente más vivo y cálido. En pocas palabras, celebrar todo aquello que nos recuerda lo bonita que es la vida y cómo es de importante retomar lo sencillo y deshacernos de algunos de los ideales que manteníamos sin entender muy bien su sentido.

Sabemos que en esta época estamos aprendiendo a ser flexibles, y a entender que los aprendizajes no tienen que ser perfectos para ser efectivos. Sigamos permitiendo que esta experiencia nos transforme y nos ayude a entender que volver a lo básico es, en ocasiones, lo realmente importante.

María Isabel Casas

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