Hola familias,

No sé ustedes, pero para mí la primavera es una época del año muy especial. Aquí en Canadá realmente se vive el cambio en el ambiente, y es evidente que la vida ha empezado a brotar de nuevo para muchas especies que estuvieron inactivas durante el invierno. Los árboles que hace unas semanas estaban pelados, acaban de brotar y ahora se visten de un verde viche que parece falso, los gansos andan con sus polluelos enseñándoles a navegar las aguas del lago, y se ven las flores aparecer para darle color y alegría a la vida.

Corro el riesgo de caer en la cursilería, pero quiero compartirles algo que he estado pensando en estos últimos días; este viaje es casi una primavera interna para cada unos de sus hijos, pues los ayuda a brotar de una manera distinta; les da fuerza para que crean en sí mismos y en toda esa vitalidad y energía que tienen para dar. Los lleva a florecer y así poder también, ponerle colores distintos a sus vidas.

En los pocos días que llevamos aquí, sus hijos han enfrentado ya un montón de retos; despedirse de ustedes en el aeropuerto sabiendo que no los iban a poder abrazar en mucho tiempo, pasar 6 horas de vuelo en un avión en medio de una pandemia, navegar la llegada a un país nuevo y abrirse a conocer a instructores que les hablan en un idioma distinto al propio, dormir en cabañas con personas que no son sus mejores amigos, adaptarse a la comida del campamento que por muy rica que sea, es distinta a la que están acostumbrados, meterse al lago helado justo después de despertarse, ayudar a poner las mesas en el comedor para que todos podamos sentarnos a comer en comunidad, y ni hablar de las actividades como la escalada y el canotaje. Retos, que por muy insignificantes que parezcan, son experiencias que los obligan a conectarse con su valentía, a hacerse cargo de sus emociones, y a ofrecer su mejor versión tanto para sus compañeros como para ellos mismos.

Los días de ayer y hoy han estado bien intensos. Nos dividimos en dos grupos más pequeños para rotar por varias actividades. Ayer tuvimos nuestra primera lección de canoeing, en la que empezamos a entender cómo es que debemos remar y cómo darle dirección al bote para poder avanzar hacia donde queremos llegar. Hicimos también algunos juegos de fortalecimiento de la comunidad, y nos conectamos con este ecosistema a través de “rewilding”. Hoy volvimos al agua en nuestras canoas y es muy impresionante ver cómo le van cogiendo “el tiro” a la actividad tan rápidamente. También estuvimos en el muro de escalada, hicimos una sesión de yoga y un taller sobre la amistad. Este último fue muy bonito pues pudimos reflexionar sobre cómo a veces esperamos o exigimos tanto de nuestros amigos, pero nosotros mismos no somos capaces de cumplir siempre con esas características que buscamos en los demás. Fue una oportunidad para entender que lo importante es relacionarnos desde la empatía y la compasión, y no tanto desde el juicio y la comparación. Claramente tuvimos nuestro tiempo libre en el lago, y todos volvieron a saltar desde la torre más alta.

En este momento estamos haciendo la última actividad del día, y quemando la energía que nos queda para poder tomarnos un merecido descanso por el resto de la noche.

Les mando un saludo muy especial,

Juliana