Queridos papás,

En este momento estamos en el bus de regreso a Toronto. Detrás de mí, oigo a sus hijos cantando canciones, riéndose y contándose historias entre ellos. Me conmueve pensar en las nuevas amistades que se han creado, y en todos los recuerdos que han construido juntos durante las últimas dos semanas. No les niego que hubo ratos en los que la diferencia de edad se notó bastante, pero la mayoría del tiempo fuimos testigos de cómo sus hijos dejaron de lado las etiquetas de los cursos y las edades, y supieron relacionarse como seres humanos unidos por una misma experiencia.

El Canoe Trip es, y ha sido siempre, una de las partes más importantes del viaje. Por un lado, porque es algo que ninguno ha vivido antes y hay una cierta complicidad en el ser primíparo, pero, por otro lado, porque es un viaje que no funciona sin la ayuda y contribución de cada uno de los integrantes del grupo. Claro, hay momentos de frustración y cansancio, momentos de quejas y reclamos por tener que lavar los platos, por la empacada de la carpa, por tener que tomarse el tiempo de cocinar su comida y mantener el fuego vivo para poder hacerlo, de querer que los mosquitos se vayan al carajo y dejen de picarnos, y por tener que hacer tantas cosas antes de poder tener un tiempo de relax con los amigos… Todo eso es cierto y a veces es de lo que más se habla, mientras lo están viviendo. Pero lo mágico de esta experiencia, es que casi sin saberlo, las cosas que los frustran son también las que les enseñan sobre perseverancia y resiliencia; poner su bienestar personal a un lado para contribuir al bienestar común es tal vez, una de las lecciones más difíciles de aprender, pero es de los legados más bonitos que les puede dejar esta aventura.  

En fin, podría seguir escribiéndoles sobre todos esos aprendizajes, pero quiero que sean ellos los que se los cuenten directamente cuando nos encontremos en Bogotá la próxima semana. Por ahora les digo con el corazón lleno de orgullo, que sus hijos son unos valientes, que ni los mosquitos ni la tormenta que tuvimos la segunda noche, ni la ida al baño en el “thunderbox” logró vencerlos, y que su vitalidad y su fuerza fueron lo que en realidad movieron las canoas por entre los lagos en los que estuvimos los últimos 4 días. Más que contar los kilómetros recorridos, me gusta pensar que en el Canoe Trip el recorrido más duro y más gratificante, es el que cada uno transita interiormente, para poder ofrecerle su mejor versión al resto del equipo, aun cuando lo primero que quisiera uno hacer, es rendirse y ponerse a llorar.

Aquí termina esta etapa del campamento, de aprender de y en la naturaleza. Hoy nos despedimos de varios del equipo de Alive con lágrimas en los ojos, pero con los corazones llenos de amor y gratitud porque sabemos que lo dieron todo para darnos la mejor experiencia posible. Dejamos atrás los “polar bear dips”, las dormidas en cabañas, las remadas en el lago y la compañía de tantos seres vivos que habitan esos bosques centenarios. Hoy llegamos a Toronto, con ilusión de los días que nos esperan, y de saber que cada vez se acerca más el anhelado encuentro con ustedes.

Les mando un abrazo lleno de cariño,

Juliana