Queridas familias, 

Es difícil describir con palabras todas las emociones que he vivido en estos dos días en que he tenido la fortuna de compartir con sus hijos. Desde la llegada ayer, sentir el cariño con el que me recibieron, la preocupación de algunos sin entender muy bien lo que mi presencia significaba, pasando por el entusiasmo, perseverancia y alegría con que realizan y aceptan los distintos retos y actividades, hasta los momentos en los que me doy cuenta del enorme impacto que este viaje tiene y tendrá en cada uno de sus hijos, me llenan de admiración y gratitud al estar con ellos, el grupo de profesores y el equipo de Alive.

Ayer llegué a la hora del almuerzo y me sorprendí gratamente porque más allá del desorden momentáneo que se generó con mi llegada, vi un grupo de niños y jóvenes capaces de regularse y hacerse cargo de la recogida de las mesas de manera organizada y siguiendo una rutina que ya tienen perfectamente dominada. Durante el tiempo de descanso llegué a mi cuarto y tuve la maravillosa sorpresa de encontrar un saco de fleece que me dio el abrazo más caluroso que se puedan imaginar: mis brazos y mi corazón sintieron el calorcito y, una vez más me llené de gratitud. Será una prenda que me acompañará siempre, en días como hoy en que el frío y la lluvia nos exigen estar bien abrigados, y en mis momentos futuros en los que lo usaré con orgullo recordando tantos momentos mágicos compartidos con sus hijos. Se los agradezco de todo corazón.

Después del tiempo de descanso tuve mi primera aventura. Una que para ellos no era la primera, pero que seguramente traerá recuerdos divertidos: hace pocos días hubo un incendio en el bosque y los instructores querían que los niños experimentaran lo que pasa en un bosque después de un incendio. Pero para llegar al lugar, había que atravesar varias zonas llenas de barro. Iban bien equipados con sus botas de caucho y la tentación de quedar atrapados en el barro fue motivo de risas y desafíos para muchos de ellos. Una clara evidencia de cómo cada uno asume los retos que se siente capaz de asumir y sentir que el grupo y los adultos están ahí para dar una mano cuando sea necesario. Cuando llegamos a las cenizas, pudimos constatar la fuerza de la naturaleza. Aunque el fuego había sucedido apenas unos días antes, ya había brotes de helechos surgiendo con toda la fuerza del mundo. Para ellos un motivo de esperanza y para seguir adelante con su compromiso para cuidar el medio ambiente.

Por la tarde, tuvieron un momento muy especial para leer las cartas que ustedes les mandaron. Cada uno en su rincón, leyendo y conectándose con ustedes. No faltaron las lágrimas y la nostalgia, pero también fue un lindo momento de gratitud con ustedes por haber hecho posible este viaje. Momento que culminó también reiterando entre ellos la importancia de tener amigos que estarán presentes acompañándolos cuando los necesitan.

Por la noche fueron invitados por las niñas de otro Colegio que estaba haciendo su fogata de despedida. Fue muy bonito ver cómo habían logrado generar una conexión con ellas, tanto que quisieron que los niños de Tilatá las acompañaran. Nuestros estudiantes les dedicaron una canción, al final de la cual, todos se levantaron de sus mesas y se pusieron a bailar. No puedo decirles muy bien qué fue lo que pasó para que se generaran esos vínculos, pero sí les puedo contar con certeza que sus hijos interactuaron en inglés, con confianza y alegría y dejaron en esas niñas una huella y una sonrisa.

Hoy también fue un día muy especial. Tuvimos un tiempo para seguir fortaleciendo las destrezas para remar en canoa, como preparación para el viaje que empezará el lunes. Además, algunos eligieron escalar unas paredes verticales llenas de retos y desafíos (con todas las condiciones de seguridad que priman en estos lugares). Una vez más, la alegría, el esfuerzo y verlos dispuestos a superar las dificultades, que hoy además incluía la lluvia y los mosquitos, me dan la enorme tranquilidad de ver en ellos unos niños y jóvenes con una fuerza interior que los acompañará para toda la vida.

Por la tarde hubo dos momentos llenos de significado. Cada uno en una dimensión diferente, pero ambos impactantes para su crecimiento personal. El primero, tal vez les produce menos alegría, les cuesta más trabajo y seguramente tendrá menos grata recordación, pero no por eso es menos valioso: tuvieron que dedicar un tiempo a organizar sus cabañas, recoger su ropa y para algunos, aprender a manejar una escoba y un recogedor. El segundo, mucho más profundo e impactante, en el que se sembraron semillas que, como se los dijo Jal, empezarán a dar frutos de ahora en adelante: fue un taller sobre sus fortalezas personales, aquellas que pueden reconocer en sí mismos y que ponen al servicio de su comunidad y también reconocer aquella en la que quieren trabajar y con la que se comprometen a hacer acciones concretas. Hubo un momento muy profundo con las reflexiones de cada uno.

El día aún no termina, pero yo acá cierro por hoy. Les agradezco a ustedes profundamente por haber hecho posible este viaje, a la vida por haberme permitido estar acá compartiendo con ellos y al equipo de profesores de Tilatá y los instructores de Alive por el profesionalismo y la generosidad con los que se dedican a educar a sus hijos.

Les mando un saludo con todo mi cariño,

María Isabel